sábado, 19 de mayo de 2012

Al borde del momento presente

Me concentro en estar al borde del momento presente. En el presente, pero un poquito más hacia adelante, asomada a lo que vendrá después.

Es un observar qué aparece a continuación, un especie de anclarse en el ahora mientras se ve venir la acción. Despierta los sentidos y agudiza la percepción.

Si no miras más alla y te mantienes en el borde se vive una realidad más intensa y con más cuerpo. Es una suerte de estar en dos sitios a la vez, centrada  la atención en sentir  y a la vez expectante ante el cambio. Produce la curiosa sensación de ser el espectador de uno mismo, al tiempo ajeno e intensamente presente. El mundo se vuelve nítido, claro y con multitud de detalles, rico, complejo, lleno de olores, sonidos y formas que hasta entonces habían resultado invisibles.

Los animales y los niños de forma espontánea viven en este sitio. Los adultos perdemos progresivamente esa capacidad. A cada momento vivido la realidad pierde presencia y nitidez diluyéndose en un sinfín de obligaciones, preocupaciones y estrategias de futuro.

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